A los 18 años entró a un taller de la residencia estudiantil de Luis Beltrán a aprender un oficio que no había elegido. Veinte años después la fábrica funciona en el local donde su papá tuvo el almacén del barrio durante 29 años.
Donde estaba la estantería de las galletitas ahora hay una con calzado. Donde estaba la máquina de cortar fiambre hay tres máquinas de coser. La heladera y el viejo mostrador ya no están, pero el lugar es el mismo: el mercadito donde Darío se crió y donde siguió dando una mano incluso cuando ya había arrancado su propio proyecto.
“Me genera nostalgia, acá me crie, lo tuvimos 29 años. Y siento orgullo de trabajar en lo que era el comercio de mi viejo, el mercadito del barrio.”
La decisión que partió la historia en dos
Su papá, Gilberto, había levantado el almacén con esfuerzo. En un momento hubo que optar por la salud: seguir con el negocio familiar o seguir con la fábrica. La frase que cerró la discusión fue corta. «Hacé lo que te guste», le dijo el padre. Darío no lo dudó.
El oficio lo había aprendido antes, en un proyecto de cooperativa que funcionaba en la residencia de varones. De los chicos que empezaron con él, cada uno siguió su camino: estudiaron, tienen otros trabajos, todavía charlan cada tanto. Él fue el que se quedó con el proyecto. En la lista de agradecimientos aparece la directora, María Inés, que le dio una mano para arrancar.
Aprender sin manual
Cuando empezó no había tutoriales y las herramientas costaban el doble. Se ríe de su propia audacia al recordarlo. Hoy su hijo Matías, de 17, lo ayuda con el armado y el pegado, y Lucrecia hace la costura. Vende en toda la línea sur, en el Valle Medio y también en Bahía Blanca; hace tres años sumó zapatillas y una marca conocida lo convocó para fabricarle las de lona.
“Tampoco es todo color de rosas, tengo mis altibajos. Pero las dificultades te van haciendo desarrollar, entender lo que es mercado.”
Lo que viene
No amplía la producción porque prioriza la calidad y todavía no está en condiciones de tomar más gente. El sueño lo dice sin vueltas: instalarse en el Parque Industrial, hacer la fábrica y dar trabajo. Por lo pronto, sigue avanzando en lo que era el almacén del pueblo.

